Detrás de las cinco estrellas: la poética de la verdadera hospitalidad

Gran Hotel La Perla Hall
En el vestíbulo del Gran Hotel La Perla permanece el primer ascensor de Pamplona. Foto: Alma Rivero. (Descarga la versión PDF de la revista Arraigo Hostelero)

Cruzar el umbral del Gran Hotel La Perla, en plena Plaza del Castillo de Pamplona, implica cambiar de dimensión. No es la opulencia propia de un cinco estrellas lo que cautiva al visitante; lo que de verdad atrapa es el peso del tiempo y, sobre todo, la humanidad de quienes han dedicado su vida a custodiar esa memoria.

La primera vez que visité el hotel fue en diciembre de 2025. Llegué acompañando a un amigo que ofrecería una rueda de prensa en el Salón La Perla. Lo que debía ser una sencilla cita de trabajo terminó convirtiéndose en una experiencia inesperada: la oportunidad de acercarme a una parte viva de la historia de Pamplona de la mano de Rafael Moreno, director de este establecimiento legendario.

Nada más entrar, uno percibe que el pasado no ha sido expulsado por las reformas. Allí permanece el primer ascensor de Pamplona, convertido casi en una pieza de museo, y una vitrina que exhibe un traje de luces que recuerda aquellos años en los que toreros y aficionados encontraban aquí un lugar donde estar.

Moreno nos condujo primero hasta el Salón La Perla, una biblioteca que reúne centenares de libros dedicados al hotel por sus autores, entre ellos algunos premios Nobel. La estancia parece suspendida en el aire, ajena al ritmo del siglo XXI.

Presidiendo el espacio se encuentra el piano que utilizaba el maestro Pablo Sarasate por petición expresa cuando visitaba el hotel, una de las joyas sentimentales de la casa. Mientras recorríamos los pasillos y ascendíamos por las escaleras, Moreno relataba la historia del hotel con una elegancia serena, como quien habla de un miembro más de la familia.

Salón La Perla
En el Salón La Perla aún se preserva el piano que utilizaba el maestro Sarasate durante sus estancias en Pamplona. Foto: Andrea Yaguana. (Descarga la versión PDF de la revista Arraigo Hostelero)

Las habitaciones de La Perla conservan la memoria de muchos de sus huéspedes ilustres, entre ellos reyes, pero lo hacen desde una llamativa resistencia al espectáculo.

Al cruzar la puerta de la estancia dedicada a Ernest Hemingway, sorprende la total ausencia de artificio. No hay extravagancias ni recreaciones teatrales para el turista. El espacio mantiene una sobriedad casi monacal que ayuda a descifrar cómo era aquel hotel que conoció el escritor: dos camas individuales, una pequeña biblioteca y una atmósfera que se niega a envejecer.

Después visitamos la habitación dedicada al violinista pamplonés Pablo Sarasate. Allí se conserva el magnífico arco de madera de pino regalado al compositor por la asociación de carpinteros de Pamplona. Al asomarse al balcón, con la Plaza del Castillo extendiéndose a los pies, resulta inevitable quedarse un segundo en silencio, contemplando el mismo paisaje que el músico observaba hace más de un siglo para deleitar, en algunos días señalados, a los transeúntes con las notas de su violín.

Sin embargo, lo más valioso de aquel encuentro no fueron las estancias históricas ni los objetos rescatados del tiempo. Fue la propia conversación con Rafael Moreno. En una época en la que muchas empresas convierten la visibilidad en una obsesión y el patrimonio en un decorado de marketing, él reivindica la discreción. Cuando posteriormente le propuse una entrevista formal para profundizar en estos pasajes, declinó amablemente participar aunque nos regaló un nuevo recorrido por el hotel. Tampoco quiso convertirse en protagonista de ningún relato.

Con los días comprendí que aquella negativa encerraba la lección más auténtica sobre la propia esencia de la hostelería. Para Rafael Moreno, el lujo no consiste en exhibirse, sino en servir. No está en la notoriedad, sino en la capacidad silenciosa de hacer sentir bienvenido al otro.

Por eso La Perla sigue siendo mucho más que un hotel histórico. Es un lugar donde la memoria permanece viva porque todavía existen personas capaces de transmitirla sin desvirtuarla. Un hogar abierto al viajero, donde la historia no se muestra como una reliquia en una vitrina, sino como una experiencia que continúa sucediendo, sin hacer ruido, cada día. El lema “3 siglos, 4 generaciones, 5 estrellas” resume bien la esencia de este hotel, un relato que no podía faltar en este primer número de Arraigo Hostelero.

Una historia de hospitalidad

Inaugurado en 1881 como Fonda La Perla, este emblemático lugar es hoy por hoy el segundo hotel más antiguo de España que todavía sigue con las puertas abiertas. El negocio despegó y para 1882 ya se había expandido tanto que contaba con 31 camas y un inventario valorado en unos 80.138 reales, de acuerdo a los datos de su web.

Detrás de este éxito estaban don Miguel Erro y su esposa, doña Teresa Graz. Ellos eran los dueños y pronto lograron levantar otros negocios, pero lo que de verdad dejó una huella imborrable fue su enorme calidad humana: don Miguel falleció de cólera en 1885, y decidió servir hasta el último momento mientras alimentaba con sus propias manos a otros enfermos.

En La Perla se guardan recuerdos de la historia cultural y política que ha pasado por Pamplona. Por sus habitaciones han pasado nombres ligados a la realeza, la literatura, la música, el arte y la vida pública europea. Entre sus huéspedes más recordados figuran Alfonso XII, Alfonso XIII, la infanta Isabel de Borbón, Charles de Gaulle, Ernest Hemingway, Orson Welles, Jacinto Benavente, Pablo Sarasate, Julián Gayarre y Salvador Dalí.

Habitaciones con memoria

Entre las estancias más singulares del Gran Hotel La Perla destacan las dedicadas a figuras como Ernest Hemingway, Pablo Sarasate, Julián Gayarre, Ignacio Zuloaga, Cayetano Ordóñez y Víctor Eusa. Más que una tematización forzada, el hotel ha optado por conservar en ellas una atmósfera sobria, coherente con la memoria de quienes pasaron por la casa.

La Perla en cifras

Ubicación: Plaza del Castillo, 1, 31001 Pamplona, Navarra

Habitaciones: 44 exteriores

Categoría: Cinco estrellas

Lema de la casa: “3 siglos, 4 generaciones, 5 estrellas”

Entorno: En pleno corazón histórico de Pamplona.

En La Perla, el lujo no se apoya en el exceso ni en la exhibición, sino en la capacidad de conservar la memoria del lugar y hacerla convivir con la hospitalidad cotidiana. Esa combinación entre historia, discreción y servicio sigue siendo una de la

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